enREDados - Servidores virtuales

Presentación


Juan Luis González-Ripoll Jiménez

El conjunto de cuadros que componen esta muestra monográfica, asquieren un cierto valor testimonial, y en cierto modo configuran una pequeña crónica, amable y optimista, que refleja mejor que las palabras cómo era Córdoba y de qué manera transcurría la vida de la ciudad allá por los aledaños de mediados de siglo.

La evocación retrospectiva de Córdoba en los pinceles de mi hermano Carlos es puramente subjetiva, y por eso mismo puede no ser coincidente, aunque sí contrastable, con los recuerdos que conserven otras personas. El pintor nos traslada al mundo desvanecido de su juventud, y lo reconstruye en cada uno de sus cuadros, desde su perspectiva personal, con materiales tomados de la memoria, desde la orilla del recuerdo, igual que los músicos que tocan de oido, sin ajustarse al rigor de una partitura.

Se trata, pues de una pintura que puede incluirse bajo el epígrafe de costumbrista, en la que el pintor, siempre atento a reflejar sus vivencias personales, evita por igual lo tópico y lo folklórico.

No descubro nada nuevo al decir que en lo que va de ayer a hoy Córdoba ha cambiado mucho. Ha crecido y ha cambiado, pero sobre todo el tono vital, el latido de la ciudad, es muy distinto.
Hace 30, 40, 50 años, la ciudad puede decirse que no había rebasado los límites de las murallas antiguas, y la vida fluía de manera más sencilla, en una sociedad apenas industrializada, casi exclusivamente rural y artesanal, mucho más clasista que la de ahora, donde las direrencias sociales eran muy marcadas y todo funcionaba más jerarquizado, al menos en teoría. En dejar constancia plástica del estilo de vida de la ciudad de entonces, contribuye, a mi manera de ver, la pintura de mi hermano Carlos, como referencia a un pasado inmediato, pero sustancialmente distinto. Si el pintor ha acertado o no, es asunto opinable, y cada cual puede establecer su juicio particular. No hay compromiso. Creo que los que podían opinar en este sentido con verdadera autoridad serían probablemente los personajes mismos que aparecen representados en los cuadros, pero desgraciadamente ellos no están ya para descolgar el teléfono, Dios los tenga en su gloria, y en cuanto a los pocos supervivientes que quedan, tampoco están para muchos trotes: casi todos eran gente madura hace 40 ó 50 años,de manera que ya pueden ustedes figurarse. Todo es perecedero, y la ciudad y los ciudadanos de ahora son otros.

En todo caso, la posible importancia documental de esta colección de cuadros, subyace por debajo de la anécdota que se nos cuenta en cada uno de ellos. La anécdota es el pretexto, la razón de ser inmediata, pero lo que prevalece verdaderamente es el sentido genérico de la obra. Cada cuadro no es un tema cerrado, sino que se ramifica y tiene derivaciones en los otros. El espíritu de la ciudad les aglutina a todos, haciéndoles sucintos e interdependientes, como si cada uno fuese la consecuencia de otro y considerados en conjunto conforman una panorámica sumamente expresiva de la cuidad de los años 50. El pintor nos traslada a una sociedad feliz, en la que la convivencia era agradable, y todo el mundo, sin perfuicio ajeno, hacía más o menos lo que le daba la gana. En estos cuadros se respira un aire festivo. Un torrente de alegría se desborda en las calles y plazas de esta ciudad insólita, de aguas lentas y cielos despejados. La gente parece contenta y despreocupada; se divierten o van a sus quehaceres como el que va a una fiesta. Entre la turbamulta de figurantes que animan los cuadros, la mayoría anónimos, claro está, pero muchos de ellos gente de carne y hueso, con sus nombres y apellidos, y cuya simple mención sería la intemerata, no falta, a veces, el autrorretrato del pintor, como si quisiera hacernos comprender que el mundo de sus pinceles era su propio mundo, y él mismo, uno más entre los personajes de sus cuadros. En su pintura, siempre exultante, apenas se vislumbra una sombra de nostalgia, y el humor y la ironía nunca se empañan con la más leve referencia caustica.

Esta es la ciudad donde nación el pintor, y donde pasó su juventud, rememorada con cariño en cada uno de sus cuadros.

Enviar mensajerafa@enredados.com
©2001 Rafael González-Ripoll